Amor sin remordimiento (comentario)

Amor sin remordimiento

Las chicas que se acuestan fácilmente no se dan cuenta de que los chicos aman al sexo, no a ellas. Recuerdo que una chica declaró en cierta ocasión que siempre que salía con su novio, se acostaban. Alguien le hizo una pregunta inteligente: ¿Recuerdas un sacrificio de tu novio hacia ti? Ella lo pensó y tuvo que decir que ninguno.

Pedro Trevijano Etcheverria

Hace un par de años vi en TV Intereconomía un magnífico video de educación sexual, que recogía una charla que una pareja de novios, diez días antes de su boda, había dado en un Instituto norteamericano. Este video se encuentra hoy fácilmente en Google, bajo el título «Amor sin remordimiento», con una duración de 48 minutos y traducido al español. Es muy recomendable tanto para los adolescentes como para sus padres, así como para ambos juntos.

Como no voy a repetir lo que dice el video, sí voy a centrarme en el tema que más me ha llamado la atención: Al matrimonio el chico llega virgen, ella no. La chica perdió su virginidad a los quince años.

Muchos chicos emplean el argumento de si realmente me quieres, hazlo, sin darse cuenta de que la inmensa mayoría de las relaciones a esta edad no llegan a puerto e incluso, especialmente si ha habido relaciones sexuales plenas, duran pocas semanas.

Muchas intentan autoconvencerse con el argumento de todo el mundo lo hace, sin tener en cuenta no sólo que el chico se ve más fácilmente libre de las consecuencias de sus actos, sino que también en él se dan a la vez dos tendencias: por una parte un amor sincero hacia ella, que le llevaría a respetarla, por otra el deseo de aprovecharse de ella, por lo que no es difícil confundir atracción física con amor. Depende de la energía e inteligencia de la chica cuál de las dos tendencias predomina, porque el chico que hace la proposición ilícita, desea también que se le rechace.

Recuerdo en este punto una alumna mía que me dijo: «mi novio me ha pedido que me acueste con él, y que si no lo hago, me deja». Le contesté: «Dile que no. Si el chico vale la pena, volverá a ti». Pocos días después me anunció la ruptura de su relación, y al mes me volvió contentísima para anunciarme que le había pedido seguir con ella.

Las chicas que se acuestan fácilmente no se dan cuenta de que los chicos aman al sexo, no a ellas. Recuerdo que una chica declaró en cierta ocasión que siempre que salía con su novio, se acostaban. Alguien le hizo una pregunta inteligente: ¿Recuerdas un sacrificio de tu novio hacia ti? Ella lo pensó y tuvo que decir que ninguno. Entonces, le dijimos, para tu novio eres simplemente una prostituta que le sale gratis. Esa misma idea tenía de sí por las mañanas, cuando el juego se había acabado, la novia del video: «Soy una prostituta que no cobra».

Su redención empezó por la asistencia a una conferencia, a la que fue obligada y acompañada por su madre. El chico que la dio irradiaba paz y alegría y ella decidió a partir de aquel día empezar a respetarse a sí misma y a su cuerpo. Al principio sus amigas se reían de ella por vivir en pureza y castidad. Y es que, aunque hayas hecho errores, siempre puedes recomenzar. O como otra chica decía: «cuando me dice un chico que quiere acostarse conmigo y que no hay nada malo en ello», le contesto: «déjame hacer una llamada a mi madre, que es quien más me quiere, a ver qué opina».

La pureza y la castidad no son fáciles, pero para eso está la recepción y frecuencia de los sacramentos, que preparan a la fidelidad. Como decía el novio del video: «cuando le conocí, era una chica pura que valía la pena. Y por eso me caso con ella». En cuanto a ella decía: «Seguro que mis amigas, las que se reían de mí, hoy me envidian y les gustaría un chico como mi novio. Pero hay que estar convencidos que amar es buscar el bien del otro y que conlleva sacrificio y saber esperar».

Sé que esto no es fácil, pero cada día me encuentro con más parejas de novios que intentan vivir su noviazgo con castidad, aunque para ello se requiera firmeza de carácter, integridad y respeto hacia sí y el otro, así como el convencimiento que esperar vale la pena.

 Pedro Trevijano, sacerdote

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